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CITOVEL ha investigado sobre las raíces históricas de la Relación entre el Tocino y la Velocidad (RTV, recuerden) y ha obtenido la siguiente información.

El Padre Tocino: Involuntario y Voluntarioso Creador de la RTV. enviado el 9 de Enero de 2003 por Dorita Finkielkraut, directora del departamento de recursos porcinos de Der schnelle Schinkenspeck, duquesa de Gottelet y reina de sus condados de todo Sauerland Aquí le confío la teoría del monstruo que he creado. Macháquenla, por favor, yo ya la he tomado cariño. Le advierto que todo lo que dice esta teoría es casi cierto, que el Padre Tocino, aunque parezca increíble, existe. Busque, rebusque, y verá que a lo mejor nos buscamos un lío con la Iglesia.
No debemos descartar la posibilidad de que las conclusiones de los laboratorios de Der schnelle Schinkenspeck no fueran definitivamente destruidas, ni de que otro prohombre, en algún otro lugar, del mismo modo que Schräder y Lehning hicieron en su día, llegue a establecer las mismas verdades que se ocultan en la naturaleza del tocino.

Estimados señores:

No sin menospreciar sus cochinos avances en la investigación del origen de la RTV, considero que ha llegado el momento de hacerles conocedores del verdadero paradigma de la cuestión, lo que ayudará no sólo a despejar toda duda provocada por la sarta de divagaciones ateas movida por el afán cientificista más burdo y expuesta en este foro, sino también a salvaguardar el magno nombre del Padre Tocino -mi mentor y máximo acelerador de la causa tocinera en este mundo-, denostado vilmente por falacias de toda índole y especialmente referentes a su muy respetable convencimiento de haber nacido de un huevo o su afición por los espiritosos.

Werenfried van Straaten, religioso premonstratense, conocido por todos con el afectuoso apodo de Padre Tocino, salvó de la miseria moral y material a millones y millonas (aproximadamente) de refugiados abandonados en las carreteras de Europa tras la II Guerra Mundial, así como a otros tantos millones de cristianos amenazados por la persecución comunista de Europa oriental, Asia y Cuba. Siempre movido por su lema "los hombres son mucho mejores de lo que pensamos", por su extraordinario optimismo, su excelsa caridad y su enorme generosidad, y, por qué no decirlo, la petición expresa de Pío XII, se lanzó a pedir a cada ciudadano belga una loncha de tocino de la provisión familiar para los alemanes, sus enemigos de ayer por la tarde. A pesar de las mofas y escaqueos varios, que hicieron tambalear la fe en su lema, logró llenar miles de camiones cedidos gracias a un jugoso contrato pactado con la compañía Messerschmitt Bölkow Blohm y así atocinar hasta el vómito a las multitudes refugiadas, hazaña que le hizo merecedor de su apelativo. Rápidamente comenzaron a popularizarse por toda Europa expresiones tales como "¡Ra, ra, rá, el Padre Tocino acelera más!", "¡Allá va el tocino a toda velocidad!", "¡Nunca hubo tocino más veloz!", etc... siendo el naturalmente mostrenco y adocenado pueblo español el único en cuestionarse a qué se debía tanto revuelo.

Al Padre Tocino, siempre acompañado de un cochinillo bendito, le debemos además la creación de una flota de coches-capilla, cuya misión era celebrar misas en lugares donde no había iglesias, y distribuir tocino allá donde no hubiera suficiente. Y por si fuera poco, motorizó a todos aquellos sacerdotes que tenían varios pueblos a su cargo con los llamados "coches para Dios", evitando así que las lonchas de tocino llegaran en mal estado o las misas se retrasasen más de lo debido.

Firmado y dedicado por él. Pero qué mono era.
Como agradecimiento y para dar salida a una partida de vehículos sobrantes de gran cilindrada, un grupo de refugiados emprendedores puso en marcha la empresa Der schnelle Schinkenspeck (El tocino veloz, en cristiano), la primera dedicada a la venta de comida a domicilio. Con el tiempo y los marcos de beneficio, el departamento de investigación y desarrollo de Der schnelle Schinkenspeck, en colaboración con el Max Planck-Institut für Plasmaphysik, puso en marcha un ambicioso proyecto de investigación acerca de la velocidad máxima de transporte que soporta el tocino fresco, con el fin de implantar un menú hipocalórico, conservador del cutis, incorruptible y a buen precio en los viajes espaciales. Desgraciadamente, la OMS tuvo que meter el hocico y dudar de los beneficios para la salud de tan loable esfuerzo por mejorar la gastronomía cósmica, pero permaneció un importante legado teórico que, ya es mala suerte, por causa de un descuido del Dr. Helmut Castoriadis en la hora del almuerzo, quedó ilegible y embadurnado de tocino líquido concentrado, y, desdichadísimamente, se perdió para siempre en el incendio de los laboratorios DSS provocado por un grupo de terroristas zoroastristas que enarbolaban el derecho cerdil a la vida cual si fuera el suyo propio.

Queda pues esclarecido el origen de la RTV. Les animo, no obstante, a persistir en investigaciones que arrojen más luz sobre el asunto, bien sabido es que con tesón e influencias la verdad siempre vence.

Aprovecho también para mostrarles el libro (sí, autobiográfico) del reverendísimo Padre Tocino, donde relata sus vivencias y creencias. Podrán recibirlo completamente gratis en sus casas previo abono de un donativo de $3000.

Ya he recibido varias amenazas de bomba por parte de los schräder-lehningistas a causa de la publicación de este artículo. Amablemente he respondido dando la dirección de su autora a la vez que declino toda responsabilidad. Los panopoulistas todavía no han llegado a mi oficina, pero ya puedo ver el resplandor de las antorchas; espero desviarles utilizando la tarjeta de... visita de la señora... Dorita.

La Era Psicocérdica y el Ácido Tocinérgico enviado el 21 de Noviembre de 2002 por David Jerónimo Es inevitable, cuando se plantea el tema del TCD (Tocinergic Acid Diethylamide o Dietilamida de ácido Tocinérgico) hacer referencia a las circunstancias de su fortuito descubrimiento, que han devenido en leyenda: Albert Coffman, bioquímico de profesión, estaba tranquilamente en su casa cuando su vecino llamó a la puerta. El hombre estaba preocupado por un extraño moho que le había surgido en su parte grasa al jamón que se había traído de su viaje por España. Le pidió que lo analizase para saber si aún podía consumir el jamón sin peligro, o bien debía deshacerse de él. Coffman aceptó y juntos se tomaron unas cervezas y fumaron unos puros (Coffman era un gran fumador pese a su bronquitis) sin saber que acababan de sentar las bases para un descubrimiento que cambiaría la cultura de la década de los 70.

Al día siguiente, en su laboratorio en la universidad, descubrió sin dificultad que el moho era en realidad cornezuelo del tocino. Dado que era un hongo muy difícil de encontrar, decidió aprovechar la ocasión para investigar sus componentes. Su fascinación por este trabajo le mantuvo distraído hasta tarde. Súbitamente recordó que tenía una cita para cenar con su vecino y contarle los resultados de los análisis, así que recogió precipitadamente y se marchó del laboratorio. Cogió su bicicleta para recorrer el camino de vuelta a su casa, que distaba pocos kilómetros de la Universidad.

A mitad de camino, sintiéndose extraño, se dio cuenta de que su bicicleta había sido sustituida por otra cosa. Cabalgaba un enorme cerdo rosa fucsia que corría de espaldas. Miró hacia arriba y vio como las nubes se convertían en trozos de tocino que resbalaban veloces por una tabla de cortar azul celeste. La carretera era una loncha infinitamente larga de bacon y por todas partes había espirales de patatas fritas al jamón y árboles llenos a rebosar de chorizos y longanizas (¡en pleno otoño!).

El viaje duró aproximadamente tres días, o al menos eso le pareció al doctor Coffman, que despertó aturdido en el suelo del porche de su casa con su bicicleta al lado, estrellada contra los escalones de entrada. Pronto descubrió que los tres días habían sido en realidad apenas 13 horas y que la carretera, el cielo y todo lo demás seguían igual que antes de su extraño viaje en bicicleta. Su mente analítica de científico le llevó a reproducir las condiciones anteriores al viaje y descubrió finalmente la causa de tan extraña experiencia. Al recoger con precipitación los preparados en el laboratorio, accidentalmente había absorbido por un dedo (vía cutánea) una pequeña dosis de uno de ellos, lo que le había ocasionado aquellos efectos. Acababa de descubrir el ácido tocinérgico.

Posteriores investigaciones le permitieron describir los resultados de la utilización de esta sustancia: Alucinaciones visuales, auditivas y táctiles, sinestesias sensoriales y alteración en la velocidad subjetiva del tiempo (VST). De todos ellos, el último fue el que más le interesó.

Tras numerosos estudios, Coffman escribió un artículo: TCD y alteración temporal. En él analizaba la perturbación en la VST y describía con detalle sus formas. Explicó cómo la VST se veía alterada acelerándose o ralentizándose. Este efecto se había observado anteriormente en personas normales bajo ciertas condiciones (tareas aburridas, poca variación estimular, etc), pero nunca con la intensidad que producía el TCD. Además, el TCD alteraba la VST no sólo aumentándola y disminuyéndola, sino también transversalmente. La alteración transversal de la VST producía todo tipo de experiencias espirituales y, curiosamente, casi siempre incluía la presencia de elementos alucinatorios relacionados con los cerdos, lo que Coffman denominó "Presencia permanente del campo conceptual gorrínico" [sic]. La relación exacta entre el ácido tocinérgico y la cualidad de la alteración de la velocidad subjetiva del tiempo nunca se ha podido determinar con exactitud, aunque se sabe que influyen variables como la dosis, los hábitos de limpieza del consumidor (lo cerdo que sea) y su estado de ánimo.

El TCD convulsionó la sociedad de los 70, que se volcó en su consumo buscando iluminación, conocimiento, inspiración artística o mero placer. Había nacido la era Psicocérdica. Su fácil fabricación hizo que el TCD pronto fuera accesible para todo aquel que desease probar la experiencia. La forma de administración era muy variada: una gota disuelta en un taquito de tocino; cartones troquelados decorados con dibujos de cerdos famosos empapados en agua con TCD disuelto (llamados familiarmente "tripigs"), pequeñas bolitas redondas ("micropuercos"), mezclado con Pchatchup y Colchaptrato ("mind explosion"), y todo aquello que la imaginación del químico aficionado pudiese concebir.

Los jóvenes comenzaron probarlo en masa y el movimiento Hippy lo convirtió en su estandarte. Aldus Jaxley escribió su famoso ensayo Las Puertas de la Cerdificación que defendía el TCD como medio de exploración de la consciencia y despertar de los sentidos a una realidad más amplia. Algunos llegaron más allá, como Timothy Piggy, máximo adalid del TCD, que estuvo a punto de verter gran cantidad de la sustancia en los suministros de jamón york de Los Ángeles. Posteriormente fue detenido, pero su fama era ya tal que los propios marranas negras asaltaron la cárcel para liberarle. Partidario de un activismo menos radical, Neal Cassidy recorrió el país en su autobús psicodélico pintado con diferentes tonalidades de rosa y unas grandes orejas de cerdo que servían de altavoces. Su megafonía invitaba a los que se cruzaban por su camino a probar gratuitamente las maravillas del TCD.

La música se vio también influida y así, grupos como The Poorks, Grateful porked, Elmer Airplane, Janis Cochin, etc... dieron forma sonora al movimiento psicocérdico. Incluso John Lennon compuso Tocin in the Closet with Diamonds que se identificaba fácilmente como un anagrama del TCD.

Parecía que la Psicocerdia se extendía imparable por todos los campos, pero su auge habría de tener un fin. La posterior prohibición del TCD y otros tocinógenos se siguió de los desastrosos efectos secundarios que algunas personas sufrieron debido a su abuso. Ambos incidentes se combinaron con la disolución de la época hippy para producir un progresivo abandono del uso de esta sustancia. Sus tiempos de gloria nos han dejado un legado de producciones artísticas y espirituales que nos recordarán siempre que la Psicocerdia nos prestó un mundo de color de rosa (rosa cerdo) para que jugáramos con él.

Lectura recomendada: Cocido de Ácido Tocinérgico, de Ton Uolf. David Jerónimo es psicotocinólogo, miembro honorario de Citovel, y gurú de la Revolución Psicocérdica del año 2070. Por algo es psicotocinólogo.

La Poesía de Federico García Porca enviado el 21 de Noviembre de 2002 por David Jerónimo Existe una curiosa anécdota referida al famoso poeta Federico García Porca que ha salido a la luz en su más reciente biografía publicada: Rebuscando Más y Más de C.U. Rioso. La anécdota cuenta cómo una noche, tras asistir a una reunión con sus amigos de la Residencia de estudiantes y una tal Absenta, Federico tuvo un sueño muy curioso. Al despertar, escribió unas breves líneas con propósito de no olvidar contarle el extraño sueño a su amigo Salvador Dalí, muy interesado en todo tipo de cuestiones oníricas. La nota rezaba:
Anoche soñé, ¡qué revelador!,
que veía un veloz cerdo volador.
¡Qué belleza!, ¡qué emoción!
¡Velocidad y tocino en perfecta unión!
Al parecer, Dalí convenció a Porca de que el sueño era algún tipo de mensaje. Organizaron una reunión del grupo de amigos de la Residencia y decidieron conseguir varios cerdos y organizar carreras entre ellos. El ganador se vería liberado de costear su parte en las fiestas que frecuentemente organizaban juntos. Porca se hizo con un cerdo al que denominó "Bernardo el albo" por su palidez. Contra todo pronóstico, el animal de blancuzco y malsano aspecto se reveló como un corredor excepcional. No había semana que Porca no ganase con holgura. Tan orgulloso estaba de su marrano, que escribió para él un breve poemita de corte humorístico:
Fabuloso animal,
velocidad sin par,
estela rosada,
victoria alada.
Tocino veloz,
no te adelanta ni Dios.
Antes de cada carrera escribía el poema en el lomo del animal en letras visibles por los espectadores. Pronto fue imitado por los otros competidores, que escribían diversas salvas en los lomos de sus propios cerdos para animarles y regocijar al público. Sin duda el extremo en esta tendencia decorativa era Dalí, cuyas transformaciones al pobre cerdo redundaban en beneficio de la espectacularidad, si bien no de la velocidad. En una ocasión presentó a su puerco cubierto de hormigas y el pobre animal, histérico, se desmadró y se estrelló contra una pared, sin poder terminar la carrera.

Debido a estas extravagancias, el espectáculo era cada vez más popular entre los personajes del mundo de la bohemia y pronto se convirtió en un evento obligatorio para todo aquel que se considerase moderno.

Por otra parte, las simpatías que el cerdo había despertado en Porca hicieron que cada vez le alimentase con más entusiasmo en recompensa por sus esfuerzos en la competición. Lógicamente, el cerdo fue pasando de su albo aspecto anterior a un saludable rosa. El color se acompañó de un considerable aumento en peso... y lentitud.

El día que se produjo la primera y deshonrosa derrota de Bernardo, el público asistente era muy numeroso y Porca había invitado a varios amigos que asistían por primera vez al acto. Habían transcurrido dos semanas desde la última carrera y "Bernardo el albo" era más bien "Bernardo la rosa masa grasa". Sonó el violín de salida (los modernos son así) y "Bernardo" fue adelantado por todos los participantes ya en la salida. Recorrió media carrera a paso de medio trote cerdil y luego fue andando hasta la línea de meta con aire muy digno. Aquellos que habían sido víctimas de las derrotas infringidas por "Bernardo" aprovecharon la circunstancia para vengarse con burlas y chistes. Porca se sentía profundamente humillado, tanto que escribió otro pequeño poema para su cerdo:
Torpe asqueroso,
miserable y soso,
arrastraste tu trasero
no llegaste el primero.
Tu lento tocino
me lo comeré
con un buen vino.
Y de hecho, esa era su intención, pero como tenía un corazón de oro, al final no lo destinó a su consumo, sino que se lo regaló a un científico amigo suyo. Su nombre era Rigoberto Pinchauvas, padre de vuestro Godofredo y abuelo de esta institución.

David Jerónimo es psicotocinólogo y miembro honorario de Citovel.

La Sociedad de Actividad Paranormal y la RTV enviado el 10 de Octubre de 2002 por David Jerónimo Es bien conocido que el auge de las prácticas espiritistas tuvo lugar a principios del siglo XX. Su declive se produjo posteriormente entre otras causas debido al ataque sistemático que sufrió tal práctica por parte del gran Houdini, gran desenmascarador de estafadores. Sin embargo, es generalmente menos conocida la actividad de la Sociedad de Actividad Paranormal (SAP). Esta sociedad tenía un carácter exclusivo y secreto. Exigía a sus miembros plena discrección sobre sus actividades, la renuncia absoluta a cualquier contraprestaciones económica o ventaja equivalente (vease fama, favores o aire acondicionado) que pudiera derivarse de las prácticas espiritistas y la independencia absoluta de la Sociedad frente a otras sociedades, organismos o estados. Con estas condiciones buscaba (y aparentemente logró) reunir personas que se interesasen en el fenómeno espiritista como fin y no como medio de enriquecimiento.

La actividad de esta Sociedad, que se prolonga hasta la actualidad (aunque de forma muy reducida) produjo avances en el campo del espiritismo que la historia oficial paralela del mismo fenómeno apenas puede imaginar. Debido a su propio interés en permanecer aparte de la historia, han mantenido ocultos estos avances y su influencia ha sido generalmente mínima o nula. Aún así, se sospecha que algunos miembros renegados de la misma han tenido contactos con las altas cúpulas nazis, con proyectos secretos de la CIA y con personajes como Gurdjieff, A. Crowley, etc...

Dentro de las actividades iniciales de la SAP destacaba el estudio sobre la producción de ectoplasma (Ectoplásmica). Es bien sabido por los miembros de esta sociedad que el ectoplasma fluido-hipodenso (concentración de éctopes igual o menor al grado 1 y tensoactividad por debajo de 15 cohesios) no reviste gran dificultad en su producción y, además, es de escasa duración y utilidad. En el otro extremo de la escala se hallaba el ectoplasma rígido-denso (concentración de éctopes en grado 20 a 30, tensoactividad entre 220 y 300 cohesios), de larga duración y propiedades abundantes e insólitas. Durante largo tiempo, ante la aparente imposibilidad (véase la obra "estudios de ectoplásmica coherente avanzada y sus límites" de Barent Kivernet) de aumentar la concentración de éctopes (por encima de grado 35 se producían colapsos de la materia ectoplásmica) o la tensoactividad (entre 300 y 1200 cohesios, cambios mínimos a gran coste energético y por encima de 1200 cohesios, rendimiento ineficaz), la disciplina experimentó una gran pérdida de protagonismo y su estudio fue disminuyendo en el seno de la SAP.

Transcurridos varios años, Gorri Nante realizó un desarrollo teórico de gran audacia. Sostenía la posibilidad de utilizar espirométrica inversa alterna para obtener concentraciones bajas de éctopes (grado 7) sometidos a tensoactividad extrema (970 cohesios) en inversión de polaridad de altísima frecuencia. Defendía que las manifestaciones ectoplásmicas se colapsarían a velocidades extraordinarias y se regeneraban con igual velocidad, consiguiendo un campo invisible y sólido de parecidas propiedades al de el ectoplasma rígido-denso. Cuando presentó ante la SAP los resultados, la comunidad ectoplasmológica le abucheó y le tildó de loco. En el boletín interno de la SAP, se llamó despectivamente a la teoría de Gorri Nante el tocino veloz (el ectoplasma de éctopes grado 7 tiene una consistencia semejante al tocino y la velocidad se refiere de su frecuencia de tensoactividad).

Tras meses de arduo trabajo y resolviendo problemas técnicos por sí sólos dignos de reconocimiento meritorio, Gorri Nante desarrolló un generador adecuado para su "tocino veloz" y demostró ante los miembros de la SAP que su teoría era cierta. Recibió en esta ocasión el reconocimiento de dicha sociedad y, como siempre, la plena ignorancia del resto del mundo sobre tan increíble descubrimiento.

David Jerónimo es psicotocinólogo y miembro honorario de Citovel, aunque a veces se le va la pinza como en esta ocasión.

Tocinismo y Velocidad en las Tribus Esquimales enviado el 10 de Octubre de 2002 por David Jerónimo David Jerónimo nos envía un artículo de su colega Marvin Huarris extraído del libro El Mono Veloz, publicado por la Ed.Tocineda, afiliada a Citovel.

Entre los esquimales Hai-Yataki, cuando dos hombres deseaban desposar a la misma muchacha, si el padre de la misma consideraba que ambos tenian igual valía podia exigir que se enfrentasen en una lucha a muerte cuyo vencedor obtenía los favores de la muchacha. Se procedía de esta manera debido a la sobreabundancia de hombres y la escasez de mujeres en este agrupamiento, cuyas causas no han sido aún claramente determinadas.

Puta la gracia que le hacían las carreritas a la ballena
Sin embargo, tras la drástica reducción numérica de los hombres Hai-Yataki posterior a los primeros años de guerra con los Shi-Yalleg, no resultaba adaptativa la perdida de guerreros en las disputas de los candidatos nupciales y se modificó el susodicho enfrentamiento a muerte convirtiendólo en una carrera de velocidad y habilidad. La carrera en cuestion suponía que ambos contendientes habían de recorrer simultáneamente una distancia de cuatrocientos metros untados de grasa de ballena resultando vencedor el primero en atravesar la meta de pie. Además de resultar menos peligrosa que su anterior versión, redundaba en un beneficioso momento de distensión y aumentaba la moral de los gerreros, que solía estar baja debido a la guerra con los Shi-Yalleg. Al vencedor de la competición se le solía denominar Gran Tocino en clara alusión al material que cubría la pista de carreras.

Curiosamente, de aquellos que conseguían consumar con una mujer (generalmente sin el conocimiento del padre de la misma) sin someterse a esta competición se decía que eran más rápidos que el tocino.
David Jerónimo es psicotocinólogo y uno de los fieles colaboradores de Citovel desde hace años. Marvin Huarris es antropotocinólogo y ha publicado decenas de libros. Ambos colaboran desde hace años en la Crónica Histórica de la Relación Tocino-Velocidad, de próxima publicación.

La RTV durante el Medievo enviado el 6 de Octubre de 2002 por Carlos "Axman" Gómez Aunque hoy en día a pocos les cabe duda de que las disquisiciones sobre la RTV se remontan como mínimo a la Edad Antigua, la polémica acerca de su origen concreto ha absorbido de tal modo a los pensadores que somos pocos los que nos preocupamos de su evolución posterior, desde entonces hasta la época moderna.

¿Qué sucedió durante los luengos siglos que transcurrieron desde la época de Panopopoulos, o si lo preferimos de Jasón, hasta las investigaciones más recientes de personajes tan ilustres como el profesor Ponciano? Hasta hace poco, se pensaba que prácticamente nada: durante la Edad Media, que aún no ha terminado de quitarse su harto discutible fama de era oscura, los filósofos habrían apartado esta cuestión de sus preocupaciones, para centrarse en otras: en apariencia, el teocentrismo dominante dejaría poco margen para hablar del tocino o la velocidad, en una época en que las discusiones de los pensadores se centraban en Dios y sus atributos.

Nos damos cuenta enseguida de lo falso de esta suposición al leer a Mamónides, que en su Divagaciones sobre lo Divino, lo Humano y lo Porcino nos dice:

Por lo tanto, podemos decir sin equivocarnos de cualesquier dos cosas de este mundo que se hallan intrínsecamente relacionadas, pues del mismo Creador han surgido ambas, directa o indirectamente. Y, si del Creador provienen todos los cuerpos existentes, también puede decirse lo mismo de los atributos y accidentes de los cuerpos, que no se conciben sin ellos. Así, la velocidad es también creación de Dios, del mismo modo que lo es el tocino, y por lo tanto puede predicarse de ambas una relación fuerte, exactamente igual que del culo y las témporas.
En efecto, como el avezado lector podrá inferir de este fragmento, la discusión medieval sobre la RTV no sólo se centraría en su naturaleza, sino en su propia existencia, que llegó a ser puesta en duda por los antirrelacionistas como el aristotélico Abejorres: "Otro de los fallos de las teorías derivadas del platonismo", dice, "es su pretensión de delimitar todos los conceptos posibles y asociarlos a una idea externa a nuestro mundo, ideas todas que serían esencialmente de la misma naturaleza; a pesar de que nosotros manejamos conceptos de muy diferente naturaleza. ¿Cómo podría concebirse, verbigracia, que la idea de tocino, que es una sustancia pesada con ciertas propiedades físicas, fuese o estuviese dispuesta en términos similares a la de velocidad, que no es sino un concepto abstracto que se construye de otros abstractos a su vez?" Continuaba en esta línea de razonamiento Abejorres para acabar negando cualquier relación posible entre tocino y velocidad.

En este punto, el lector puede llegar a pensar que la Edad Media fue un período de involución en lo referente a la RTV, pues, mientras que en Grecia se habían elaborado ya leyes y postulados sobre la RTV, ahora se llegaba incluso a negar su existencia. No obstante, yo no plantearía este paso como un retroceso, sino más bien como una discusión de fundamentos que iba a ser necesario plantear en un momento u otro, y sin la cual las investigaciones de hoy no estarían tan sólidamente fundadas. Porque, al fin y al cabo, los argumentos de Abejorres se derrumbarían ante la sólida reducción al absurdo que plantea Melón de Alejandría en "Sobre la naturaleza de los seres terrestres y celestes y las interioridades del cochino común", cuando afirma:

Pocas relaciones puede haber más fuertes entre dos conceptos que la inexistencia categórica y absoluta de relación, y pocos razonamientos puede haber más absurdos que el que niega una relación contraponiendo ambos conceptos y, por lo tanto, relacionándolos.
Muchos son los sofistas que han intentado buscar contradicciones en esta irrefutable verdad, sin conseguir derribarla. Todo esto es sólo una pequeña muestra de las discusiones que se producían en la Edad Media acerca de la RTV. Seguiré investigando y recopilando datos; pero espero que esta modesta disertación convenza a alguna mente privilegiada de la conveniencia de dejar de vez en cuando a un lado la polémica entre panopoulistas y schräder-lehninguistas para recuperar más pedazos de la fragmentaria historia de este milenario problema.

Carlos Gómez pertenece al Departamento de Divagaciones, Facultad de Ciencias de lo Absurdo, Universidad de Nueva Samarkanda del Sur.

Manuscrito del Profesor Ponciano cedido el 3 de Octubre de 2002 por Anacleto Este fragmento encontrado en el desván de mi tatarabuelo está sacado del diario del Profesor Ponciano y data de 1910 según la prueba de carbono-14 hecha con mi quimicefa.

Mi tatarabuelo, según dice, fue uno de los candidatos, pero que yo recuerde nunca lo he visto levantarse de su mecedora. Espero que este documento sea de ayuda a los investigadores de CITOVEL.

Durante años he intentado descifrar la relación entre TOCINO y VELOCIDAD. Mis investigaciones científicas, poco ortodoxas y ensombrecidas por las más absurdas e incoherentes críticas por parte de mis colegas, me han llevado a un exilio voluntario, apartado de todo contacto con la sociedad.

En absoluto culpo la falta de comprensión de tales eminencias científicas, los echo en falta; pero esto no da lugar a que ceje en mi empeño, todo lo contrario, me da fuerzas para seguir tan arduo camino. Como si de una receta culinaria se tratara he intentado combinar adecuadamente todos los ingredientes necesarios para llevar a cabo mis experimentos.

Frustración tras frustración he conseguido sintetizar parte del ácido cerébrico de un TOCINO y mezclarlo con otras sustancias semiorgánicas derivadas de la VELOCIDAD con la capacidad de autoreproducirse. La cantidad exacta de estos componentes inyectados en el cerebelo de un individuo de la especie humana, hace que este entre en un nivel de adrenalina incontrolado y eche a correr en un sinsentido y con tal rapidez que a los pocos minutos cae muerto debido a un desgarre completo de los pulmones y corazón.

Mientras sigo mis investigaciones para solventar este problema me veo obligado a tener a los candidatos bajo una estricta medicación a base de tranquilizantes y así poder trabajar con y para ellos sin ningún peligro.

Aunque no doy por hecho ninguna conclusión, cada vez estoy más cerca de poder sacar mis estudios a la luz, lo presiento...


Obtención de las Leyes de Panopoulos cedido el 2 de Octubre de 2002 por Diego Desde antiguo se ha cuestionado toda relación entre velocidad y tocino. No obstante, ya en los tiempos de la Grecia Clásica el gran filósofo Panopoulos siguió una linea de razonamiento psicotrónico para tratar de hayar explicación a la RTV. Dicho razonamiento psicotronico estableció los primeros principios de lo que hoy se conoce como la Ciencia Psicotronica.

Como tributo a tan gran filósofo me propongo en este tratado retomar los razonamientos originales y aplicar los ultimos avances de la ciencia psicotrónica con el fin de llegar a una conclusión clara sobre tan excitante relación.

Los primeros indicios sobre una RTV fueron apuntados por Panopoulos de Antika Creta en el 1578AC quien observó como los guarrokunos chonis (cerdos) corrían menos cuanto mayor fuese la cantidad de tocino que almacenaban. Esto dejó perplejo a Panopoulos, pues era bien sabido por aquel entonces que los hombres corrían más precisamente detrás de aquellos guarrokonus que eran mas generosos en su contenido en tocino.

Panopoulos también había observado que un hombre se deslizaba tanto más rapido por un palo engrasado cuanta más cantidad de tocino se hubiera empleado en él. Por lo tanto Panopoulos establecio la primera RTV que ha quedado registrada en la historia [Nota de CITOVEL: afirmación cuestionable].

  1. En los hombres, más tocino implica más velocidad.
  2. En los guarrokunos, más tocino implica menor velocidad.

Intrigado por tan diferente comportamiento entre hombres y cerdos cuando aparentemente no hay gran diferencia entre ellos, Panopoulos decidió dedicar toda su vida al estudio de la RTV y le dijo a su mujer, Tetapoulos, que volveria a cenar tarde. En los siguientes meses Panopoulos realizó multitud de experimentos con el tocino. De esa época nos ha quedado algunas de las conclusiones mas brillantes que la mentalidad humana haya sido capaz de idear.

Por ejemplo: Panopoulos estableció que dos guarrokunos, uno grande y otro chico, tardaban distinto tiempo en caer desde lo alto del Partenón. En efecto, Panopoulos repitió este experimento una y otra vez, primero con los mismos guarrokunos (hasta que fue imposible volver a usarlos) y luego con guarrokunos que encontraba por casualidad en el corral del vecino, Malopoulos. La conclusión de dicho experimento intrigó a Panopoulos aún mucho más pues en todos los experimentos observaba como el guarrokuno mas pesado caía antes, esto es, lograba una velocidad mayor. Este hecho iba en contra de la Segunda Ley que Panopoulos había establecido meses antes.

Panopoulos se preguntó si sucedería lo mismo con la Primera Ley. Así que se dispuso a comprobarlo. El experimento que Panopoulos ideó para demostrar si la Primera Ley era válida constituye una de las páginas mas brillantes en la historia de la ciencia psicotrónica. La pericia y astucia que Panopoulos demuestra en el siguiente experimento sigue dejando perplejos a cuantos estudiosos se interesan por la vida de tan brillante genio. Para demostrar si la primera ley continuaba siendo válida Panopoulos ideó el siguiente experimento.

Panopoulos invitó a cenar a su suegra y le dio a comer medio guarrokuno que habia encontrado por casualidad en el corral del vecino, Malopoulos. Y cuando la suegra hubo acabado y se disponía a levantarse Panopoulos le invitó a beber vino. La suegra aceptó de buen grado preguntándose que se andaría tramando para que la agasajara de tal modo. Cuando la suegra estuvo satisfecha Panopoulos le preguntó si quería salir a dar una vuelta y como el vino la tenía de muy buen humor ella no se negó.
 —¿Qué te parece si subimos al tejado del Partenón? —Le preguntó Panopoulos.
 —Sip, ¿Por qué nop ? ¿A cuál de los dos? je,je,je —preguntó la suegra, que en ese momento echaba otro trago de vino y ya veía dos Partenones en vez de uno.
 —Da igual, al del medio. —replicó Panopoulos.

En el camino Panopoulos encontró a un viejo delgaducho que siempre dormía al pie del Partenon y Panapoulos se acercó a el y le pegó un garrotazo en la cabeza.
 —¿Fero que aces? —preguntó la suegra que estaba tan borracha que ya hablaba sin pronunciar la h.
 —Nada mujer. Un bicho que tenía en la cabeza y se lo he espantado.
 —Aaaaaa —asintió la suegra, que se quedó más tranquila.
 —Anda, vamos a subir también a este pobre viejo para que vea la vista tan bonita que hay arriba.

Y asi Panapoulos cargó al viejo en la espalda de su suegra que no sabía quién era aquel hombre tan majo que se le había subido a la espalda y que le miraba con los ojos como idos, seguramente de amor por ella. Una vez arriba Panapoulos descargó al viejo de la espalda de su suegra y descanso un rato mientras ajustaba su cronómetro lunar. Panapoulos le dijo a su suegra que quería hacerles un cuadro a ella y al viejo allí mismo para inmortalizar tan glorioso momento.
 —Fero si tu no fintas, Fanopoulos.
 —Eso no importa mujer. Ponte alli y llevate al viejo contigo.
 —¿Dónde? ¿Alliiii?
 —No, allí, donde pone "PELIGRO".

Y allá que se fue la suegra dando tumbos y arrastrando al viejo.
 —Quieta, ahí. ¡Mantén al viejo en pie! ...eso es. Un poco mas atrás un poco más , eso es...

Y asi pudo Panopoulos realizar su famoso experimento en el que demostró que la Primera Ley seguía siendo válida. Sin embargo no lograba entender porque la Segunda Ley no funcionaba. Panopoulos no pudo dar explicación a este hecho tan insólito y se vió obligado a modificarlas, lo cual le supuso una pérdida de prestigio considerable. No obstante, las nuevas leyes mostraban un grado de armonía tal que rápidamente el prestigio de Panopoulos fue restablecido.

¿Y las leyes? visiten la sección teoría o el documento original.

Notas Breves
  • Parece ser que la expresión "confundir el tocino con la velocidad" ancla sus raíces en el habla popular española. Ha sido imposible encontrar información precisa sobre quién fue la primera persona que lo empleó por escrito. Se agradece cualquier ayuda sobre esta cuestión.
  • Rabindranath Tagore, premio Nobel de Literatura en 1913, hace una alusión indirecta a la RTV en su famoso aforismo: No es posible obtener un cerdo de carreras. Puedes entrenarlo, hacer que practique. Obtendrás un cerdo veloz, pero nunca un cerdo de carreras. Algunos estudiosos han llegado a la conclusión de que esta es la primera vez que se cita en la alta literatura la posibilidad de tocino con velocidad distinta de cero.
  • P.H. Craftlove, catedrático de Filosofía de la Universidad de Miskatonic, ha desmentido que Parménides, famoso pensador presocrático, hubiera usado el tocino u otros derivados del cerdo como prueba de su famosa doctrina de inmovilidad del Ser.